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martes, 25 de junio de 2013

el fin del repeinao y las crestas


La opción A era en casa. Pero pensé...
- esto es imposible como no lo ate de pies y manos,  yo a este no le paso la maquinilla ni de coña, me llevo una oreja seguro.

La opción B era la más práctica y lógica , acudir a un profesional que no le dejara los trasquilones que podría haberle hecho en mi fase experimental de peluquera.

Aunque con esto de haberle quitado el pañal, llevo siempre una mochila con dos mudas encima, salir de casa es una odisea.
Entre el patinete, una pelota, la botella de agua, los saladitos, mi mochila con su ropa,  el carro y él de la mano... Parece que me voy de excursión cada vez que vamos al parque.
Pero bueno,  salimos a dar una vuelta con el fin de cansarlo y luego pasar por la pelu que tenemos enfrente de casa para cortarle, el pelo de hippy ochentero que llevaba.

Parece que lo del parque resultó , porque entre el agotamiento y la música relajante que tenían en la peluquería, muy zen decorada, Jaume se quedó grogui en cuestión de minutos.

Le dije a la morena tan mona y simpática que tienen,
- mmm no lo pienso despertar, te atreves a cortárselo en el carrito?

Y diez minutos después, seguía durmiendo y con el pelo rapado.
 Doy por bien empleada la media hora que estuvimos esperando.

Eso sí... ni con el rodillos quitapelos se van los puñeteros pelillos del carrito...

4 comentarios:

  1. Jajaja Buenísimo. Con los míos imposible. Se hubiera despertado. Ha faltado la foto del resultado final. Jaume está guapísimo y hecho un hombrecito :D

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    Respuestas
    1. pues sí al cortarle el pelo ha desaparecido el niño-bebé ... ahora ya es niño-niño jooooo

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