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martes, 14 de abril de 2015

niño malo, rebelde, conflictivo....o padres permisivos?


Cuantas veces habré escuchado eso de, no puedo con mi hijo!
Y a veces me pregunto que si no pueden ahora con cuatro o cinco años que pasará cuando sean adolescentes.?

He encontrado este post en www.todopapas.com y me parece interesante.  Aunque yo le añadiré un par de cosas.


1 Establecer límites. El establecer límites de manera coherente ayuda a que los niños se sientan tranquilos y seguros. Utiliza términos sencillos que él pueda entender y con instrucciones positivas dichas en un tono amable, como por ejemplo, "Por favor guarda tu juguete ahora mismo"; o "Por favor, habla en un tono más bajo y calmado", en lugar de decir "¡No grites!". Ofrece advertencias y avisos (usa las palabras "cuando" y "entonces" como un aviso sobre algo, en lugar de emitir amenazas).

2. Ignorar. Algunos comportamientos que no son peligrosos para el niño o para los demás deberían ser ignorados (por ejemplo: el tono quejoso, el discutirlo todo, el usar malas palabras, o el tener alguna rabieta). Muchas veces, simplemente haciendo caso omiso, cesa en su mal comportamiento. Si te es difícil ignorarle en ciertos casos, puedes llevar a cabo los siguientes trucos: Evita discutir o mirarle a los ojos; aléjate de él, pero permanece en la misma habitación; distráele con algo divertido que hacer juntos; alaba un comportamiento positivo (por ejemplo:"Me gusta mucho cuando en vez de gritarme me explicas por qué estás enfadado").
 
3. Tiempo aparte. Es un método que sirve para ayudar a los niños a calmarse y recuperar el autocontrol, a la vez que lo recuperan los propios padres para evitar entrar en una espiral de gritos. Esta técnica no debe usarse nunca con niños menores de dos años. Si el niño tiene entre 4 y 5 años, el máximo que deben estar en otra habitación calmándose es de 5 minutos. Una vez más tranquilos, hay que explicarle lo que había hecho mal y cómo corregirlo en voz pausada.
 
4. Enseñar las consecuencias. Si el niño comprende que su mal comportamiento tiene consecuencias desagradables, entenderá por qué no debe hacerlo, sobre todo si le puede acarrear a él o a las personas que quiere un daño. Si está jugando con cerillas, se puede quemar; si se le pide que deje de tirar la pelota y no lo hace, se la quitaréis, etc.
 
5. Pérdida de privilegios. Cuando un niño tiene edad suficiente para entender que se le quitará un privilegio si continúa comportándose mal, esto puede ser una experiencia instructiva. Si le ofreces la opción de parar, le enseñas las opciones y las consecuencias y aún así continúa actuando mal, quítale un privilegio (que anteriormente le tienes que haber explicado, no es justo quitarle un privilegio a un niño si no se le ha advertido sobre cuáles van a ser las consecuencias). Por ejemplo, si rompe la cabeza de la muñeca de su hermana, ya no podrá volver a jugar con los juguetes de ella.
 
Las reglas deben ser conocidas por todos y cumplidas por toda la familia. Los progenitores deben ejercer la autoridad y estar de acuerdo en las reglas impuestas. Estas deben ser claras y tener siempre la misma consecuencia. Hay que ser específico con lo que se permite, hasta dónde se permite, las circunstancias que rodean a la regla y qué sucede cuando se cumple y cuando no.
 
Lo interesante de este proceso es hacer a los niños responsables de su propio destino, tienen la libertad de elegir entre cumplir o no con las reglas y por lo tanto ellos deciden si ganan o pierden la concesión.
 
 
Si es verdad que los niños se sienten más seguros sabiendo que margen tienen. Les ofrece tranquilidad y seguridad.
Pero además y como algo fundamental para su propia autoestima está el hecho de recordarles y manifestarles lo que se les quiere. Tiene que haber tiempo para dormir juntos, para un ver la tele abrazados, jugar, pasear, leer... que nos queda con el tiempo sino? Recuerdos.
 
Pongamos limites no para ser estrictos sino para quitarles un peso, para que no pierdan tiempo negociando.
 
Como por ejemplo chuches, tiempo de tele... si las chuches son los sábados no hay que discutir ni alargarlo. NO hay chuches otro día porque es lo que acordamos. Porque son algo especial o un extra.
 
Podrá pedírtelas durante dos semanas pero entenderá que no vas a cambiar de opinión.
 
No hay niños malos, ni nacen conflictivos. Nuestras decisiones y concesiones les conducen a pensar que tienen derechos sin ganarse las cosas.
Ni ser permisivos, ni ser estrictos. Nadie dijo que educar fuera fácil....eh?

2 comentarios:

  1. Qué complicado es esto, madre mía... Jajajaja. Besotes!!!!

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  2. Hola, Aurelia:
    La verdad es que no comparto casi ninguno de estos métodos, cada familia es un mundo, y en la mía creemos en el acompañamiento siempre y haga lo que haga. Quizá el que más me gusta sea el de las consecuencias (medidas): toca el pastel y para aprender "que quema", bebe así y verás "que te mojas",... Ese tipo de cosas. Lo malo es que esto el acompañamiento requiere muuuuucha entrega y muuuuucho trabajo personal y aquí me encuentro a mí misma, que quiero hacer las cosas de una manera pero que a veces pegaría un grito solo para desahogarme (y que un vecino oiga que no puedo más!). En fin, esto de la maternidad es muy, muy complicado. Aprovecho para contestarte al comentario que dejaste en mi blog, en la entrada de "La culpa de las madres que trabajamos fuera de casa". te entiendo perfectamente, nunca tenemos lo que queremos: si estamos en casa necesitamos salir y tener el reconocimiento de otros adultos, si trabajamos queremos ver cada pestañeo de nuetsros pequeños... Creo que la clave es un trabajo personal serio y profundo que nos permita saber hasta donde podemos llegar, qué podemos ofrecer a nuestros hijos... Yo soy de las que quisieran estar en casa, pero sé que un ratito de ventilación me ayuda a ser mejor madre cuando estoy con mi hija. Seguimos avanzando :)

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