como saber si es perimenopausia

# ¿Es perimenopausia? Los primeros síntomas que tuve antes de saber que había empezado esta etapa

Si alguien me hubiera preguntado hace unos años qué era la perimenopausia, probablemente habría respondido que era la etapa previa a la menopausia. Una definición correcta, pero demasiado simple para todo lo que realmente implica.

Lo que nadie me explicó es que la perimenopausia puede comenzar años antes de la menopausia y que sus síntomas no se limitan a los sofocos o a los cambios en la menstruación.

En mi caso, los primeros signos aparecieron de forma tan gradual que tardé mucho tiempo en relacionarlos entre sí.

## Los primeros síntomas

Lo primero que noté fue algo difícil de describir: ya no me sentía exactamente igual.

Tenía más dificultades para concentrarme. Me costaba recordar ciertas cosas. Empecé a notar una especie de niebla mental que aparecía y desaparecía sin una explicación clara.

También llegaron cambios emocionales inesperados. Más irritabilidad. Menos paciencia. Una sensación de estar sobrepasada por situaciones que antes gestionaba sin problema.

A eso se sumó un cansancio diferente. No era simplemente falta de sueño. Era una sensación de agotamiento físico y mental que no siempre mejoraba descansando.

## Cuando empiezas a preguntarte si es estrés... o algo más

Durante mucho tiempo atribuí todo a la vida cotidiana.

El trabajo.

La maternidad.

La carga mental.

La falta de tiempo para mí.

Las noches mal dormidas.

Y, siendo sincera, muchas veces pensé que simplemente me estaba haciendo mayor.

Pero los síntomas seguían acumulándose.

Empecé a notar cambios en mi ciclo menstrual. Mis reglas ya no eran tan predecibles como antes. Algunos ciclos se acortaban. Otros se alargaban. La intensidad también variaba.

Aparecieron problemas de sueño. Me despertaba de madrugada sin motivo aparente y luego me costaba volver a dormir.

Noté cambios en mi energía, en mi capacidad de recuperación después del ejercicio y en mi estado de ánimo.

Y entonces empecé a escuchar historias de otras mujeres de mi edad que describían exactamente lo mismo.

## Los síntomas más frecuentes de la perimenopausia

Aunque cada mujer la vive de forma diferente, algunos de los síntomas más habituales son:

* Cambios en la duración o regularidad del ciclo menstrual.
* Sofocos o sensación repentina de calor.
* Sudores nocturnos.
* Problemas para dormir.
* Niebla mental o dificultades de concentración.
* Problemas de memoria.
* Irritabilidad o cambios de humor.
* Ansiedad.
* Fatiga persistente.
* Disminución de la tolerancia al estrés.
* Dolores articulares o musculares.
* Migrañas o empeoramiento de dolores de cabeza previos.
* Cambios en la libido.
* Sequedad vaginal.
* Aumento de peso, especialmente en la zona abdominal.
* Palpitaciones ocasionales.

No todas las mujeres experimentan todos estos síntomas. Algunas tienen principalmente síntomas físicos. Otras, síntomas emocionales o cognitivos.

## ¿Cuándo se confirma que has entrado en la perimenopausia?

Aquí llega una de las mayores frustraciones.

No existe una única prueba que diga con absoluta precisión: "Has entrado en la perimenopausia".

El diagnóstico suele basarse en varios factores:

* La edad.
* Los síntomas.
* Los cambios en el ciclo menstrual.
* La historia clínica.

Las analíticas hormonales pueden aportar información, pero las hormonas fluctúan tanto durante esta etapa que una analítica aislada no siempre ofrece respuestas definitivas.

Por eso muchas mujeres reciben la confirmación después de meses o incluso años de síntomas.

## Lo que me hubiera gustado saber

Me hubiera gustado saber que la perimenopausia no empieza el día que desaparece la menstruación.

Me hubiera gustado saber que puede comenzar a partir de los 40 años, e incluso antes en algunas mujeres.

Me hubiera gustado saber que los cambios cognitivos, emocionales y físicos forman parte del proceso y que pedir ayuda no significa exagerar.

Y, sobre todo, me hubiera gustado saber que muchas de las dificultades que estaba experimentando tenían una explicación biológica.

Entender lo que estaba ocurriendo no eliminó los síntomas, pero sí eliminó gran parte de la culpa.

Porque cuando entiendes qué está pasando en tu cuerpo, dejas de pensar que estás perdiendo capacidades y empiezas a buscar las herramientas adecuadas para cuidarte mejor.


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