eso o no es TDAH mi hijo?




Cosas que me hicieron empezar a preguntarme si mi hijo necesitaba algo más de atención

Esto no es un diagnóstico ni una conclusión. Es simplemente lo que he ido observando en mi hijo desde pequeño, y que me ha hecho parar en muchas ocasiones y pensar en cómo ayudarle mejor.

Tengo otro hijo, así que inevitablemente comparas. Y aunque cada niño es completamente distinto, hay cosas que te llaman la atención cuando se repiten con el tiempo.

---

## Cuando su cuerpo necesita moverse

Desde pequeño he visto que mi hijo no para quieto de una forma muy particular.

Corre muchísimo, pero no es solo correr: es como si necesitara hacerlo muy rápido, como si ese movimiento le ayudara a regularse por dentro.

También anda de puntillas en muchas ocasiones, y busca constantemente sensaciones físicas que le mantengan “en equilibrio”.

---

## El momento del pelo y los “pre-colapsos”

Hay momentos en los que noto que todo se le acumula.

En esos momentos empieza a girarse el pelo de forma repetitiva. Y cuando está muy sobrepasado, puede llegar a enredarlo tanto que acaba tirando de él o incluso arrancándolo.

No es un gesto consciente ni de juego. Es más bien una forma de descarga.

---

## Las cenas, el movimiento y la necesidad de regularse

Recuerdo especialmente una etapa, entre los 4 y 5 años, que me marcó mucho.

Cenábamos todos juntos sobre las 20:00–20:30. Él empezaba y terminaba el primero. Pero mientras el resto seguíamos cenando, él se levantaba y empezaba a dar vueltas por el salón con los brazos abiertos.

Daba vueltas una y otra vez hasta que, en algún momento, su cuerpo se dejaba caer en el sofá como si por fin pudiera relajarse.

---

## La comida: cuando el orden también era una batalla

Hubo otra etapa en la que incluso algo tan simple como comer se convirtió en conflicto.

Él tenía un orden muy claro: primero la fruta, luego el yogur y después el plato principal. Si intentábamos cambiarlo, o simplemente hacerlo diferente, aparecían rabietas o frustración.

Durante un tiempo intenté corregirlo o “hacerlo como toca”, pero eso solo generaba más tensión.

Con el tiempo entendí algo importante: no era tan relevante el orden como el bienestar del momento.

Empecé a soltar ese control y a centrarme más en crear un ambiente tranquilo, donde pudiéramos hablar sin presión y sin sentir que todo era una batalla.

Y eso cambió mucho las cosas.

---

## Movimiento constante incluso en los momentos tranquilos

Otra cosa que sigue pasando es que, cuando los adultos estamos hablando, él necesita intervenir de alguna forma: cantar, llamar la atención o entrar en la conversación.

Nos cuesta a veces reconducirlo sin que vuelva a aparecer ese impulso.

---

## El sueño y la necesidad de contacto

La hora de dormir también ha sido siempre un mundo aparte.

Tenemos una rutina bastante estable: sobre las 19:30 empezamos a bajar ritmo con ducha, pijama, cena, cuento y masaje en pies, espalda o cabeza. Eso le ayuda mucho a relajarse.

Pero aun así, muchas noches el sueño se alarga muchísimo.

A día de hoy, con 6 años, seguimos haciendo colecho. Aunque es verdad que algunas noches empezamos a intentar que duerma en su habitación, la mayoría de las veces acabamos igual.

No lo vivo como algo negativo, sino como una necesidad clara de contacto. Algo que también me hace ver la diferencia con su hermano, que no tuvo esta necesidad de la misma manera.

---

## Sensaciones corporales muy marcadas

Hay otras cosas que me llaman la atención en su día a día.

Le gusta mucho ir descalzo siempre que puede. Es como si necesitara sentir el suelo directamente.

También he observado que su cuerpo está en constante búsqueda de sensaciones: derecha/izquierda, frío/calor… como si necesitara contrastes para regularse.

---

## Su relación con los animales

Tiene una conexión muy especial con los animales.

Se acerca mucho a ellos y les tiene cariño, pero a veces le cuesta entender bien los límites y cuándo puede hacerles daño sin querer. No parece falta de empatía, sino dificultad para medir ciertas cosas en el momento.

---

## Lo que me ha enseñado todo esto

Con el tiempo he entendido que muchas de estas cosas no se resuelven desde la exigencia o el control.

He aprendido a bajar expectativas en algunos momentos, a priorizar la calma por encima de “hacerlo perfecto” y a entender que, si el entorno está tranquilo, él también lo está mucho más.

No siempre es fácil, pero sí siento que cuando dejo de luchar contra ciertas cosas y empiezo a acompañarlas, todo fluye mejor.

---

## Y ahora te leo

Si has pasado por algo parecido con tus hijos, me gustaría leerte.

A veces compartir estas experiencias ayuda a entender mejor lo que vivimos en casa y a sentir que no estamos solos en estas dudas.

Comentarios