lunes, 25 de septiembre de 2017

Método KONMARI

Este fin de semana no me tocó otra que limpiar la cocina a fondo, ya sabes , armarios, por dentro y por fuera, detrás de la nevera, azulejos.... en fin, yo no sé cuantas horas estuve porque me dió hasta por fregar los cacharros que hacia tiempo que no usaba. Como moldes de silicona y cosas así.
No sé, serán los aires de otoño, que apetece tener el nido limpito y agustito.

El tema de la organización es algo que siempre cojo con muchas ganas.... y luego ya me vienen las prisas.  Porque todos los días pasa algo que hace que la rutina se descontrole.
Sí que he oido de pasada  el metodo Konmari, y me apetece saber algo más... si alguien lo ha probado me gustaria saber opiniones.  Esta semana, igual me pongo a ver videos y eso.




domingo, 17 de septiembre de 2017

Juegos valenciano, las canicas "GUÁ"

Y todo viene de una sobremesa de estas largas de finales de septiembre, en las que nos ponemos a recordar a qué jugábamos de pequeños... y de las historietas de papá .

Googleando un poco hemos encontrado esto. ¿Alguien en la sala que jugara a las canicas? 


viernes, 15 de septiembre de 2017

¿llevamos juguetes al cole?


Es la eterna discusión.  - es que todos mis amigos llevan algo...

Y ese "llevan algo " es de lo más variopinto, lo que recordando, me ha dado para una mini lista.


Entiendo que la pobre criatura se pasa allí 8 horas, sin contar las extraescolares, claro, sentir que se lleva algo de su casa debe ser importante para él. Sobretodo para el patio después del comedor .

EL caso es que empezamos con cuatro años a llevarnos algo para la salida del cole, los demás se traían patinetes y pelotas y él, también sentía esa necesidad de mostrarle algo a los demás.

Pero como reciclamos en casa mucho y yo guardo de todo, le traía tapones. Redondos, cuadrados, azules, grandes, pequeños, verdes, chatos, rojos, huecos.... y con ellos después de tirarse un par de veces por el tobogán, hacían corrillo cuatro o cinco y jugaban un rato.
Aquello era maravilloso, controlados, a pocos metros, las madres podíamos acabar las frases entre nosotras. !!
De vez en cuando alternaban con alguna pelota y se desmadraban, pero tan bonito no podía ser siempre.

Al siguiente año, en último de infantil con 5 años ya la cosa dió por el coleccionismo.
 Los  zomblings, inundaban los bolsillos de los niños.

Para eso ya controlábamos un poco más. Nos pareció que no era cuestión de llevarse 10 muñecos a clase, así que tras un consenso y un exhaustivo cacheo todos los días antes de salir de casa, contábamos siempre dos en la salida y a la llegada . Estos pobres y diminutos muñecos, después de ser presentados y comparados en sociedad, se arrastraban por todo. En el parque eran enterrados, tirados por el tobogán, lanzados a propulsión y ahogados en las fuentes. Pero volvían a casa limpitos para al día siguiente salir en su batalla infernal. Después llegaron las casas de los zomblings, los aviones , las motos, los trenes etc...
A mitad de curso entraron otra vez con fuerza las fantásticas peonzas, pero como la primera vez que las vimos en los kioscos unos meses atrás, no les hizo mucho caso, éstas transparentes y con luz  le parecieron la bomba. Pero eran carísimas de la muerte y le dije que no se lo compraba, aunque la iaia sucumbió a su caidita de ojos y le compró una que sólo vió la luz del sol tres tardes.  SE desesperó porque no era lo suyo y no se supo más de la peonza.

Luego cambiamos a los star monsters , un parecido con los zomblings por ser horrorosamente feos,  pero eran de plástico duro con una base triangular. Aquella colección no tenia fin, se renovaban y volvían a salir a la venta. La pesadilla en paquete de dos con dos pegatinas costaba 1€.
La  bola y demás accesorios los precio eran impronunciables. Se columpiaban un rato con los precios.

Cuando creímos que ya estaba todo visto, los zomblings del principio sacaron unas mansiones y una nueva edición dorada plateada y transparente. El precio de un bicho era de 0.50€ dos bichos de estos con un tren/casa  era de 2 euros. Y el que llevaba varios muñecos y una mansión ya eran 4€.
Tan caro como esas iguanas que cambiaban de color al sumergirse en el agua,  con el sol y la oscuridad. A dos euros y medio!  En mi casa sólo entraron 4 y dos se las apoderó la gata. Son su tesoro más preciado. Las otras dos están debajo de la almohada de Jaume para que brillen todas las noches.

Entramos a primaria y pensamos que ya no necesitaría sentir que se lleva algo, peeero  llegaron los spinners. YA los conocéis. En mi humilde morada entraron 3 de 2€. Cacheo total y absoluto porque estos no le dejé llevárselos al cole. Acordamos que a la salida yo le esperaba con uno.
Entonces llegó la alternativa, que no sé si me hacía la misma gracia que el spinner: La  pelota de tenis. Como lo lees. En el patio del cole, hay un muro bajito alrededor de la pista de futbol , y a modo desagüe hay una agujero. La gracia estaba en el recreo, que cada uno con su pelota de tenis, y no cualquier otra, atravesar dicho agujero. Y así se podían pasar horas.
Como ya iba a fútbol en extraescolar, el rato para jugar a eso se alargaba a diez minutos después de acabar el futbol.
Y seguimos con la futbol manía para entrar en la fase de los cromos. Aquello ya era un trapicheo brutal. Se  pasaban el rato haciendo corrillo y sacándose cromos, y diciendo repetido, repetido, repetido, lo tengo l o tengo , lo tengo, lo tengo , lo tengo, aaaaaaah cambiameloooo!
Así acabamos el curso 2016-2017 , y para este verano han pasado de cromos de futbol a los cromos del pokémon.
A ahí va la cosa. Se lleva por la mañana como de 10/15 repetidos y vuelve con los cambiados.




Cuando yo era pequeña sólo me llevaba la goma elástica y las cartas y sobres... cómo han cambiado las cosas!